Aprende a conocer la frescura del pescado en Madrid

Los consumidores pueden realizar un análisis, a través de los sentidos, que les permite conocer la frescura del pescado, tanto si los compramos en la tienda o los consumimos en los restaurantes de Madrid.

Ya hace tiempo que no quedan dudas de la importancia que tiene el pescado en nuestra dieta, ni tampoco de los muchos aportes nutritivos que este tipo de alimentos pueden brindarnos si los consumimos dos o tres veces por semana.

Ahora bien, para que nuestra experiencia con ellos sea realmente positiva, es tan importante que sepamos prepararlos en casa como escoger las mejores piezas al momento de comprarlos, ya que se trata de un alimento que, si no es bien conservado, puede echarse a perder.

Por eso a continuación queremos enseñarte una serie de consejos o trucos sumamente sencillos, que deberías poner en práctica la próxima vez que vayas a una distribuidora de pescados y mariscos en Madrid de forma que te lleves a tu hogar los mejores productos, los más frescos.

En primera instancia, revisa siempre que el pescado o los mariscos en cuestión estén colocados en superficies levemente inclinadas, ya que tienden a eliminar agua, y sobre espacios planos su acumulación puede dañar los alimentos.

Por supuesto, ni pescados ni mariscos pueden estar ubicados en sitios en los que reciban directamente los rayos del sol, ya que eso generará modificaciones químicas en su composición que nunca pueden ser buenas.

Si tienes posibilidad no sólo de ver los alimentos sino también de tocarlos, revisa que la piel esté bien sujeta a la carne, además de mirar con detalle que luzca brillante, incluso con cierto reflejo metálico.

De más está decir que, cuando vamos a comprar pescado o comprar mariscos online, no debemos llevarlos a casa si tienen olor desagradable, porque es síntoma inequívoco de su mal estado.

De igual modo, si notas que el pescado ha perdido alguna de las escamas, tampoco lo lleves, pues es una señal de que ha pasado el momento de ingerirlo.

Los ojos también pueden ser claves al momento de seleccionar una pieza de pescado, ya que deben mantener un aspecto casi vivo. Si notas que están turbios o demasiado hundidos, esa puede ser una advertencia de que no hay que comerlo.

En el caso de los pescados blancos, como por ejemplo el lenguado, el gallo, el rape, la merluza o la pescadilla, los ojos deben estar particularmente claros, mientras que la piel será tersa y no deberá presentar pliegues.

Mientras tanto, cuando hablamos de pescados azules como la sardina, el boquerón, la caballa o la trucha, es importante que lo tomes en tus manos, y compruebes que las piezas están firmes, que no se doblan ni deshacen en tus manos.